Briñas, situada a orillas del río Ebro y cerca del paso natural de las Conchas de Haro, posee una historia que se remonta a la antigüedad. La zona fue un punto estratégico clave, mencionado en el Itinerario Antonino como la mansión romana de Deobriga, por donde se cree que llegaron las primeras vides a La Rioja. A lo largo de los siglos, el municipio ha sido testigo de la presencia judía, la influencia monástica y la consolidación de su identidad.
La villa experimentó un desarrollo significativo a partir de 1320, cuando fue comprada por Haro, convirtiéndose en una aldea dependiente. Tras la expulsión de los judíos en 1492, el pueblo de Tondón desapareció, dejando un espacio deshabitado entre Haro y Briñas. Un hito importante fue la obtención del derecho a constituirse en concejo independiente en 1632, lo que impulsó su prosperidad, especialmente ligada al comercio del vino.
El siglo XIX marcó una nueva era para los vinos de Rioja con la introducción de técnicas bordelesas y el aumento de la exportación, atrayendo a elaboradores franceses. A pesar de las vicisitudes como las Guerras Carlistas y la desamortización, Briñas conserva hoy su casco urbano con casas de los siglos XVII y XVIII, su Iglesia de la Asunción y un humilladero, manteniendo la cultura del vino como eje central de su identidad.